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Cambia tus emociones, mejora tu vida

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Las carencias afectivas infantiles generan sociopatías

Una de los hitos  sobre la conducta antisocial ha sido descubrir que la falta de empatía o apego temprano  convierte a las personas en sociópatas, personas egocéntricas cuyo único interés es su autosatisfacción, por lo que son incapaces de conmoverse ante el dolor ajeno.  La empatía es una competencia socio-emocional que se desarrolla en los primeros años de vida, y  por el contrario puede anularse cuando el niño no recibe los cuidados adecuados, sufre estrés excesivo, abandono o maltrato en sus primeros años de vida.

En su libro “El niño criado como un perro” el psiquiatra Bruce Perry  explica con detalle los casos más alarmantes de daño psicológico infantil, ocasionados por el abandono emocional. El experto cuenta casos de niños dejados al cuidado de extraños que los abusaban sexual o emocionalmente, niños poco atendidos y carentes de afecto, niños tratados como animales.
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Adicciones o vivir anestesiado

Una anestesia temporal, eso es lo que buscan las personas que caen en las adicciones. Aunque parezca que lo hacen por placer o diversión, quienes abusan de los medicamentos o las sustancias psicotrópicas, lo que buscan es aliviar un dolor emocional, muchas veces ignorado, pero que les genera un malestar del que quieren zafarse.

  “Es como tener un dolor de muelas, haces lo que sea para conseguir el calmante; aunque el farmaceuta te pida el salario de una semana, se lo darías a cambio de quitarte aquel dolor que parece reventar tu cabeza”.

Así lo explicó Daniel Gassó, psicólogo clínico, al dictar un taller sobre el manejo de conductas adictivas; el especialista advirtió que al igual que en el dolor físico, el tratamiento de medicinas sólo alivia un síntoma; el verdadero problema está oculto.

La conducta adictiva es como la punta visible del iceberg, el verdadero problema es un dolor, un padecimiento emocional usualmente profundo que agobia, y cualquier cosa que ayude a olvidarlo por un buen tiempo se convierte en una salida rápida, una anestesia, en una solución que la mente decide repetir una y otra vez para alcanzar el alivio.

El especialista indica que el abordaje en casos de adicción debe ir en dos sentidos: cortar la conducta dañina, y buscar la raíz del dolor emocional, que en muchos casos está oculto en carencias afectiva infantiles, relacionadas con falta de amor incondicional o de reconocimiento de los padres.

Las carencias o conflictos emocionales quedan escondidos en experiencias dolorosas que las personas desean olvidar; pero que se mantienen latentes como una carencia constante, que le impide desarrollar su proyecto de vida con equilibrio y plenitud.

En este sentido, Gassó hace un gran énfasis en la necesidad de la estructura familiar para la formación del individuo. Para que la personalidad se desarrolle en plenitud es necesario no sólo una figura parental, sino dos,  donde se sustente la autoestima, la identidad sexual y el sentido de pertenencia. Por ello, en ausencia de uno de los padres, se recomienda que los niños tengan unas figuras de referencia de ambos sexos que puedan tutorar su desarrollo, físico, social y afectivo.

Aunque no todos los casos de adicción tienen el mismo origen, aquellos asociados a carencias profundas tienden a ser más difíciles de erradicar si no reciben una terapia de fortalecimiento emocional.

Los casos en los que la adición responde a una presión social y de grupo, se utilizan técnicas de refuerzo cognitivo para que el paciente comprenda los efectos negativos de su conducta, afectando no sólo su salud sino la pérdida progresiva de sus familiares.

Sólo cuando el adicto ha llegado al punto de total derrota, al comprender el efecto devastador de su vicio, cuándo puede tomar una decisión de cambio. Por ello, lo recomendable es dejar que el paciente toque fondo; las ayudas de emergencia sólo retrasan más el proceso de curación.

En este sentido, Gassó sólo recomienda el abordaje de tratamiento psicológico en casos de adicción a sustancias, cuándo el adicto ha aceptado ingresar a un centro de internamiento. De lo contrario, las recaídas serían constantes y así se tiende a empeorar la situación.

Millenials: Una generación de insatisfechos

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Si tienes que hablar por las redes, durante una reunión social… tienes un problema.

Las empresas están confundidas, las parejas destruidas, los padres desorientados.  No sabemos cómo lidiar con esta nueva generación que asumirá las riendas del globo… Ellos son unos treintones, con  aspiraciones desorbitadas, que parecen muy brillantes, pero son incapaces de atender durante una hora una reunión de negocios.

Éstos – nacidos después del 80 y tantos- los Millenials, son una generación  que en su mayoría ha crecido con todos los recursos a la mano; pero no les  importa cuánto les den: siguen insatisfechos.   A esto le sumaremos la adicción a las redes sociales y los aparatos electrónicos que los mantienen distraídos en  juegos y relaciones superficiales, que ni ellos mismos valoran.

Estas son las conclusiones del gurú del liderazgo, Simon Sinek, quien ha comenzado a analizar el gran fracaso laboral de esta generación que no responde a la expectativas del sistema productivo actual.

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¿Son hipersensibles los árboles que primero amarillean en el Otoño?…  Seguramente son más sensibles, y también muy bellos

¿Alguna vez te han acusado de ser hipersensible porque un comentario te hirió hasta enojarte?  pues, bienvenido al club.

     A todos nos ha pasado ésto en un día difícil.  Cuando no las tenemos todas de nuestro lado, somos un poco intolerantes a todo aquello que baje nuestro nivel de bienestar o autoestima.

    Aunque la teoría dice que no deberíamos permitir que las acciones de otros afecten nuestro estado emocional, en la práctica, las relaciones sociales son uno de los factores que más desestabilizan nuestras emociones.

     No todo nos afecta igual  pero debemos comprender que cuando algo externo nos desalienta o amarga (nos sensibiliza) es porque, detrás, esconde un tema importante para  nosotros al punto de quitarnos el buen humor.

    La naturaleza nos da un buen ejemplo de sensibilidad. Vemos que durante el  invierno algunas plantas mueren, otras amarillean y otras quedan intactas, como los pinos o los abetos…pero éstos últimos no tienen hojas, sino espinas, por eso resisten el intenso frío con su inalterable color verde.

     Cada planta, como cada ser humano, es diferente… Ni mejores ni peores, solo son diferentes y así también sus frutos.

     Que las personas sean más o menos sensibles depende de las circunstancias que han vivido. Por tanto, ser sensibles o más sensitivos que la mayoría no es un defecto, sino una condición, que en si misma es favorable para el desarrollo artístico o la compasión. De hecho, las personas sensibles son más detallistas…

     No obstante, ser sensible es desvaforable cuando se vive en entornos agresivos; o si  frecuentemente se ha de enfrentar con personas destructivas o muy críticas,  como por ejemplo en trabajos demandantes o de atención al cliente, dónde sólo hay un enfoque hacia los aspectos negativos.

     La sensibilidad es una virtud infravalorada especialmente en las sociedades combativas como la nuestra, en la que se premia a los niños agresivos y se ridiculiza a los sensibles, especialmente en el deporte.

    Hay profesiones donde se recomienda perder la sensibilidad, como entre los médicos, los psicólogos o los abogados, porque  deben lidiar diariamente con el dolor y las desgracias de personas que  en muchos casos son muy exigentes y poco agradecidos. Es por ello que estas profesiones también se asocian  con personalidades frías y hasta crueles, que  han perdido la capacidad de emocionarse, de compadecerse ante el dolor y la desgracia.

    Cuando se usa el término Hipersensible, usualmente se hace de forma peyorativa, para desacreditar la emocionalidad de quien se muestra afectado. Es en realidad un término médico, que aplicado en psicología se refiere a  una persona que tiene sus emociones muy cambiantes: que pasa de la tristeza a la rabia o a la felicidad con mucha intensidad,  sin justificación ni  medida.  Por ello el término es para casos de patología emocional.

     Encontrar un equilibrio entre ser muy sensible o insensible es tan variante como el clima. No hay ni mejor, ni peor… Cada situación amerita diversos niveles de sensibilidad  que dependen de la condición interna de cada persona, de lo que cada cual piensa que es correcto o excesivo.

     Ante casos de Hipersensibilidad, lo recomendables es  revisar aquello que nos afecta:  evaluar el por qué ese elemento que nos hiere está en nuestra vida  y  si debemos aprender a soportarle sin que cambie nuestro ánimo… O por el contrario, podemos  apartarnos para evitar que su efecto negativo entorpezca nuestro esfuerzo diario por sentirnos bien.

Se aprende más con alegría

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Entre sonrisas se aprende más rápido

Las emociones pueden ser una herramienta para estimular el aprendizaje en los niños, porque la emoción y el conocimiento están íntimamente relacionados.

  Jean Piaget, padre de la teoría del Aprendizaje Cognitivo, explicó que la adquisición del conocimiento y la acción están dirigidos por las emociones. En la medida en que los niños encuentren alegría, estímulo y satisfacción en las actividades de aprendizaje, las incluirán como parte de sus preferencias cotidianas y serán importantes para su vida. En el caso contrario, si las actividades de aprendizaje les causan malestar o incomodidad, las rechazarán e intentarán alejarse de ellas.

Esta relación emocional con el aprendizaje nos advierte que si hacemos del ambiente educativo una fuente de emociones agradables, será atractivo para el niño, pero si nos enfocamos en el aspecto negativo, el niño rechazará el aprendizaje porque será una fuente de malestar.

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Sólo el deseo de alcanzarlo, nos mantiene en pie de lucha…

Resiliencia: el deseo

de superar la adversidad

En Física, se llama Resiliencia a la capacidad de memoria de un material para recuperarse de una deformación causada por una fuerza externa, y regresar a su condición inicial.

Aplicada a las personas,  la Resiliencia es la capacidad para afrontar la adversidad  (tragedias, traumas, amenazas o estrés severo) y readaptarse a las nuevas condiciones sin fracturarte, sin  arruinar su carácter.

     Ser resiliente no significa no sentir malestar, dolor emocional o sufrimiento ante las adversidades. La muerte de un ser querido, una enfermedad grave, la pérdida del trabajo o los problemas financieros, son sucesos que tienen un gran impacto, produciendo una sensación de inseguridad, o pérdida, generando amargura… Si no hay una recuperación, las personas se  aislan y pierden sus relaciones vitales.

    Pero, ante del sufrimiento hay personas que recuperan su buen ánimo y  no pierden la fe ni  el deseo de seguir adelante; por ello, logran recuperarse y superar el mal momento. Esta admirable actitud de lucha es la Resiliencia.

     El reajuste resiliente va más allá de soportar  y dejar que la amargura o la desilusión se cuelen. Así como un exceso de condimento o de fuego amargar toda la sopa,  soportar situaciones extremas sin los recursos adecuados, puede dejarnos completamente arruinados. Para rescatar la receta, no hay tan sólo que agregar agua a la sopa…. Hay que reajustar todos los ingredientes (a menos que pierdas todo, renuncies y tires tu cocción)

    Cuando los recursos materiales se destruyen, el dinero se acaba y las relaciones desaparecen, el anhelo de recuperarse, la esperanza hacia algo mejor, sostiene. Esto no es otra cosa que fe.  “La fe es la certeza  de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. (Hbr 11:1)

     La fe nace de cultivar los recursos espirituales y practicarlos.  Estos son: amabilidad, calma, paciencia, tolerancia, flexibilidad, y optimismo, que sólo se obtienen  con un enfoque amoroso hacia la vida.

     El proceso de adquirir resiliencia no es rápido. En un primer paso, implica aceptar la situación que nos reta, no evadirla ni ignorarla. Esto implica flexibilidad y desapego a lo que hemos perdido, para asumir  las nuevas condiciones.

    En segundo lugar, para soportar la presión de las situaciones difíciles, debemos fortalecer nuestros recursos, aquellos que hemos aprendido y los que podemos desarrollar para sortear los obstáculos. Esto es  como la disciplina de los atletas: aunque son buenos en lo que hacen, siguen entrenando para fortalecer sus músculos… La constante ejercitación los hace aumentar sus destrezas y ser más fuertes.

    En tercer lugar, debemos ser optimistas en el más amplio sentido de la palabra. Esto es  pensar y hablar sobre lo bueno, lo óptimo, para evitar que aparezcan las ideas que arruinan el ánimo.  Nuestra mente es el mejor instrumento creativo que tenemos. Si la usamos para derrotarnos, para mirar lo malo y destruir nuestras posibilidades, ése será el resultado que obtendremos. Por el contrario, si enfocamos la mente en lo mejor, crearemos más de aquello en lo que nos enfocamos.

      Aceptar la adversidad forma parte de la madurez.  En la Biblia, encontramos una gran fuente de sabiduría en las palabras de  Jesucristo, quien dijo:  “En este mundo tendréis aflicción, pero no temáis, yo he vencido al mundo”. (Jn 16:33) Esto significa que su ejemplo, su mensaje de amor, de perdón, de paz, de bondad, es superior a todos los males que vivimos.

   Pero no hay recetas mágicas para superar los momentos retadores.  Cada persona tiene su propia naturaleza, su carácter y estilo. También debemos aceptar que hay situaciones que nos superan y es mejor retirarnos, si podemos, cuando no tenemos la suficiente fuerza para soportarlas.

    No obstante, si nos retiramos antes de tiempo, tampoco aumentaremos nuestra capacidad de resistencia, nuestra fe.  Por ello,  desarrollar resiliencia implica enfrentar y aceptar las situaciones adversas, con el deseo, el anhelo, de superarlas…. Y hacerlo!

El estrés reduce la capacidad de memorizar

Too tired
Demasiado cansancio, nos impide recordar…

Estudios realizados por especialistas en Neurología y estrés, señalan que cuando vivimos constantemente en situaciones agotadoras, a causa de trabajos muy demandantes, relaciones poco satisfactorias o carencias básicas,  comenzamos a padecer  estrés crónico,  desmejorando nuestro desempeño.

La capacidad de mantenerse calmado y aprender a recuperarse de los episodios intensos es crucial, de lo contrario, el centro de la memoria a corto plazo, el Hipocampo, comienza a afectarse por el llamado, estrés crónico. Seguir leyendo “El estrés reduce la capacidad de memorizar”

la regulación emocional fomenta la capacidad de tranquilizarse para concentrarse en una actividad específica.

La primera herramienta para regularnos es conocer las emociones: mencionarlas

Regulación emocional

 es aprender a sentirte mejor

Saber cómo calmarse es uno de los mayores hitos del desarrollo infantil; es una capacidad que aparece entre los tres y los cuatro años.

El doctor Marc Greenberg explica que para comprender el inicio de este proceso de auto regulación emocional, hicieron un ejercicio en el cual pidieron a las madres que después de jugar un poco en su laboratorio infantil, dejaran a los niños en solitario un momento y les dijesen que regresarían pronto.

Los especialistas observaron que, luego de unos momentos en solitario,  los pequeños se mostraban un poco ansiosos y con mayor frecuencia cardíaca. A partir de ese momento, los más regulados comenzaban a hablarse a sí mismos diciéndose “mamá volverá”;  algunos hablaban para distraerse o comenzaban a cantar para alegrarse. Otros niños, los menos regulados, a los minutos comenzaban a gemir o a alterarse.

Marc Greenberg es psicólogo y neurólogo, uno de los más reconocidos investigadores en el desarrollo socio emocional infantil, creador del primer programa de desarrollo socio-emocional llamado PATHS (Promoting Alternative THinking Strategies) avalado como el más efectivo en prevención de la violencia escolar entre pre-escolares. Recientemente fue nombrado director del centro de prevención de la violencia de la Universidad de Pensilvania. Seguir leyendo

Emociones: ¿Las controlo o me controlan?

Reprimir las lágrimas para no mostrar debilidad no es lo mismo que no llorar porque no siento tristeza, o porque no debo sentir, no me lo permiten…

Aunque no se vean, las emociones no son tan sutiles como el humo de una cerrilla que se disipa con una palmada. Aunque no las veamos porque ocultemos sus efectos, las emociones son intensas como el viento: A veces brisa, a veces huracanes.

La emoción cuando aparece queda reflejada en el cuerpo: Cambia la tensión arterial y la muscular, el ritmo cardíaco, aumentan las secreciones glandulares (adrenalina, cortisona o serotonina…) el estómago se contrae, los sentidos anulan o se aumentan y la postura corporal cambia. Seguir leyendo “Emociones: ¿Las controlo o me controlan?”

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