Adicciones: Vivir anestesiado

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Una anestesia temporal, eso es lo que buscan las personas que caen en las adicciones. Aunque parezca que lo hacen por placer o diversión, quienes abusan de los medicamentos o las sustancias psicotrópicas, lo que buscan es aliviar un dolor emocional, muchas veces ignorado, pero que les genera un malestar del que quieren zafarse.

“Es como tener un dolor de muelas, haces lo que sea para conseguir el calmante; aunque el farmaceuta te pida el salario de una semana, se lo darías a cambio de quitarte aquel dolor que parece reventar tu cabeza”.

Así lo explicó Daniel Gassó, psicólogo clínico, durante un taller sobre el manejo de conductas adictivas. El especialista advirtió que al igual que en el dolor físico, el tratamiento de medicinas sólo alivia un síntoma; el verdadero problema está oculto.

La conducta adictiva es como la punta visible del iceberg, el verdadero problema es un dolor, un padecimiento emocional usualmente profundo que agobia, y cualquier cosa que ayude a olvidarlo por un buen tiempo se convierte en una salida rápida, una anestesia, en una solución que la mente decide repetir una y otra vez para alcanzar el alivio.

El especialista indica que el abordaje en casos de adicción debe ir en dos sentidos: cortar la conducta dañina, y buscar la raíz del dolor emocional, que en muchos casos está oculto en carencias afectiva infantiles, relacionadas con falta de amor incondicional o de reconocimiento de los padres.

Las carencias o conflictos emocionales quedan escondidos en experiencias dolorosas que las personas desean olvidar; pero que se mantienen latentes como una carencia constante, que le impide desarrollar su proyecto de vida con equilibrio y plenitud.

En este sentido, Gassó hace un gran énfasis en la necesidad de la estructura familiar para la formación del individuo. Para que la personalidad se desarrolle en plenitud es necesario no sólo una figura parental, sino dos, donde se sustente la autoestima, la identidad sexual y el sentido de pertenencia. Por ello, en ausencia de uno de los padres, se recomienda que los niños tengan unas figuras de referencia de ambos sexos que puedan tutorar su desarrollo, físico, social y afectivo.

Aunque no todos los casos de adicción tienen el mismo origen, aquellos asociados a carencias profundas tienden a ser más difíciles de erradicar si no reciben una terapia de fortalecimiento emocional.

Los casos en los que la adición responde a una presión social y de grupo, se utilizan técnicas de refuerzo cognitivo para que el paciente comprenda los efectos negativos de su conducta, afectando no sólo su salud sino la pérdida progresiva de sus familiares.

Sólo cuando el adicto ha llegado al punto de total derrota, al comprender el efecto devastador de su vicio, cuándo puede tomar una decisión de cambio. Por ello, lo recomendable es dejar que el paciente toque fondo; las ayudas de emergencia sólo retrasan más el proceso de curación.

En este sentido, Gassó sólo recomienda el abordaje de tratamiento psicológico en casos de adicción a sustancias, cuándo el adicto ha aceptado ingresar a un centro de internamiento. De lo contrario, las recaídas serían constantes y así se tiende a empeorar la situación.

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