Millenials: Una generación de insatisfechos

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Si tienes que hablar por las redes, durante una reunión social… tienes un problema.

Las empresas están confundidas, las parejas destruidas, los padres desorientados.  No sabemos cómo lidiar con esta nueva generación que asumirá las riendas del globo… Ellos son unos treintones, con  aspiraciones desorbitadas, que parecen muy brillantes, pero son incapaces de atender durante una hora una reunión de negocios.

Éstos – nacidos después del 80 y tantos- los Millenials, son una generación  que en su mayoría ha crecido con todos los recursos a la mano; pero no les  importa cuánto les den: siguen insatisfechos.   A esto le sumaremos la adicción a las redes sociales y los aparatos electrónicos que los mantienen distraídos en  juegos y relaciones superficiales, que ni ellos mismos valoran.

Estas son las conclusiones del gurú del liderazgo, Simon Sinek, quien ha comenzado a analizar el gran fracaso laboral de esta generación que no responde a la expectativas del sistema productivo actual.

    “En el sector empresarial los Milenials son definidos como difíciles de dirigir; porque son  pretensiosos, egocéntricos, narcisistas, desenfocados y flojos; pero sobre todo, pretensiosos.

Para poder usar sus habilidades, sus líderes indagan sobre sus pretensiones y ellos les responden:

– Quiero trabajar en una empresa con propósito; quiero crear impacto; y además tener comida y chuches gratis.  Aunque sus  líderes garantizan estas condiciones,  aún así siguen insatisfechos sin lograr las metas y amenazando con renunciar…”

Al analizar en detalle esta situación, Sinek encuentra en ellos cuatro características comunes: Fallida educación parental, adicción tecnológica, gratificación instantánea y ambiente deshumanizado. Leamos el detalle:

Pretensiosos

Los Millenials, o la Generación Z, crecieron bajo estrategias parentales fallidas,  porque sus padres les hicieron creer que eran especiales, que podían alcanzar todo lo que ellos se propusieran, solo porque lo querían. Es así como  muchos de ellos obtenían mejoras en sus notas gracias a las constantes intervenciones de sus padres, y a que los profesores les regalaban puntos para evitar a sus padres…

Algunos recibían medallas hasta por llegar de últimos, y esto hacía que los premios perdieran valor para los chicos que hacían el esfuerzo de llegar de primeros. Incluso  hacía sentir vergüenza a los que llegaban de últimos porque, en el fondo,  sabían que no se merecían nada.

Cuando estos chicos crecieron y se integraron al campo laboral se dieron cuenta que no tenían nada de especiales (su madre ya no podía comprarles ventajas y no recibirían una medalla de consuelo por llegar de últimos) Al final aprendieron de golpe que las cosas no se alcanzaban sencillamente porque las desearan con fuerza.

Sinek advierte: “Es así como hemos llegado a una generación de gente con baja autoestima, o constantemente frustrados. Estos son los mismos que se pasan la vida colgando fotos en Facebook e Instagram diciendo que su vida es maravillosa, aunque están todo el tiempo deprimidos”.

Y aunque todos se muestran muy capaces y severos (enmascarados) la verdad es que los Millenials no saben cómo enfrentar sus problemas, y sus jefes, los líderes de las organizaciones, no tienen idea de cómo sacar ventajas de ellos.

Tecno-adictos

En el campo de la tecnología, esta generación creció apegada al teléfono.  Los estudios indican que cada vez que las personas reciben mensajes también reciben una dosis de Dopamina, la hormona de la felicidad; la misma que reciben los jugadores, los alcohólicos y los fumadores.  Estos Millenials son unos adictos al móvil y cuando están un poco solitarios, sólo tienen que enviar mensajes a todas sus redes para recibir una descarga de Dopamina que llega con  las respuestas.  Ese es el motivo por el que los jóvenes se esmeran tanto en mantener sus redes activas.

Superficiales

Esos mismos adultos jóvenes que  han crecido en una red social superficial y casi desconocida,  no tienen idea de cómo crear relaciones sólidas, en un ambiente de  carne y hueso.  Ellos mismos admiten que, aunque se divierten con sus amigos, nunca han creado relaciones estables; siguen en las redes a pesar de saber que esos amigos virtuales los dejarán “colgados” si  aparece un mejor plan.  Son éstos mismos quienes, cuando están deprimidos, se apegan a la consola  o al ordenador para aliviarse, pero no saben cómo crear relaciones  con otras personas, ni tienen mecanismos relacionales en la vida cotidiana.

En este mundo liderado por las redes sociales, los adolescentes no crecieron bajo la mirada escrutadora de sus padres sino de esas redes… Ellos ignoran la opinión de sus mayores y sólo les interesa lo que dicen sus pares.  Ya adultos, carentes de relaciones significativas, caen en las redes del alcohol o las drogas para aliviar sus relaciones vacías… Otros siguen intentando aliviarlas colgando fotos en las redes sociales.

     “No se trata de que desaparezcan las redes sociales, explica Sinek,  es el exceso lo dañino. Si te sientas en una mesa a comer con otros y comienzas a hablar a través del teléfono, ahí notas la adicción. Si antes de decir buenos días a la persona que tienes a tu lado, miras el móvil… hay una adicción”.

Impacientes

Sinek nos dice que el tercer factor que ha creado este carácter pretensioso de los Millenials es la gratificación instantánea. Desde niños han  aprendido a recibir todo lo que quieren. Quieren algo, lo compran de inmediato en Amazon;  quieren ver una peli,  no tienen que esperar a que entre en cartelera, la bajan de la red. No pueden esperar que la serie se termine,  la ven toda de un golpe, o incluso, no ven todas las temporadas sino que se adelantan y ven el final.

Y en las relaciones de pareja es lo mismo; los Millenials no aprenden a conocer los vaivenes emocionales de la otra persona, sencillamente si no entienden al otro rompen la relación … y otro fracaso. No saben esperar, no comprenden el lento proceso de adecuarse al otro. Quieren que el otro los satisfaga al instante  y si no lo logran, simplemente no pueden esperar, no aprenden los mecanismos de las relaciones sociales maduras.  El tema es que los logros laborales, reales y sociales, son lentos…. No hay “applicaciones” para acelerarlos.

Estos factores están creando una generación con altos índices de depresión, suicidio, sobredosis;  y en el mejor de los casos, incapacidad para encontrar la felicidad.

… Humanizarnos

Ya que esta es una generación de gente idealista, con muchas aspiraciones,  no es posible motivarla con un ambiente empresarial que se ocupa más de los números que de las personas. Estos chicos no se “comen el coco” con aumentar el  rendimiento fiscal… Ellos se enfocan en el futuro,  rechazan la competitividad y aspiran la cooperatividad. Esta generación lo que necesita  es  aprender sobre crear  proyectos a largo plazo, ser pacientes y superar obstáculos.

Simon Sinek nos aconseja que dejemos de culparlos de sus carencias, y comencemos a crear las condiciones para que puedan aprender a iniciar y mantener relaciones sociales sólidas; que les demos el ejemplo de cómo se vive la vida sin el apego al teléfono (o a cualquier droga) y a hacer proyectos a largo plazo, comprendiendo que hay altas y bajas, que no siempre se obtendrá todo de un golpe, ni todo saldrá como uno quiere de inmediato.  Qué lo bueno, toma tiempo…

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