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Sólo el deseo de alcanzarlo, nos mantiene en pie de lucha…

Resiliencia: el deseo

de superar la adversidad

En Física, se llama Resiliencia a la capacidad de memoria de un material para recuperarse de una deformación causada por una fuerza externa, y regresar a su condición inicial.

Aplicada a las personas,  la Resiliencia es la capacidad para afrontar la adversidad  (tragedias, traumas, amenazas o estrés severo) y readaptarse a las nuevas condiciones sin fracturarte, sin  arruinar su carácter.

     Ser resiliente no significa no sentir malestar, dolor emocional o sufrimiento ante las adversidades. La muerte de un ser querido, una enfermedad grave, la pérdida del trabajo o los problemas financieros, son sucesos que tienen un gran impacto, produciendo una sensación de inseguridad, o pérdida, generando amargura… Si no hay una recuperación, las personas se  aislan y pierden sus relaciones vitales.

    Pero, ante del sufrimiento hay personas que recuperan su buen ánimo y  no pierden la fe ni  el deseo de seguir adelante; por ello, logran recuperarse y superar el mal momento. Esta admirable actitud de lucha es la Resiliencia.

     El reajuste resiliente va más allá de soportar  y dejar que la amargura o la desilusión se cuelen. Así como un exceso de condimento o de fuego amargar toda la sopa,  soportar situaciones extremas sin los recursos adecuados, puede dejarnos completamente arruinados. Para rescatar la receta, no hay tan sólo que agregar agua a la sopa…. Hay que reajustar todos los ingredientes (a menos que pierdas todo, renuncies y tires tu cocción)

    Cuando los recursos materiales se destruyen, el dinero se acaba y las relaciones desaparecen, el anhelo de recuperarse, la esperanza hacia algo mejor, sostiene. Esto no es otra cosa que fe.  “La fe es la certeza  de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. (Hbr 11:1)

     La fe nace de cultivar los recursos espirituales y practicarlos.  Estos son: amabilidad, calma, paciencia, tolerancia, flexibilidad, y optimismo, que sólo se obtienen  con un enfoque amoroso hacia la vida.

     El proceso de adquirir resiliencia no es rápido. En un primer paso, implica aceptar la situación que nos reta, no evadirla ni ignorarla. Esto implica flexibilidad y desapego a lo que hemos perdido, para asumir  las nuevas condiciones.

    En segundo lugar, para soportar la presión de las situaciones difíciles, debemos fortalecer nuestros recursos, aquellos que hemos aprendido y los que podemos desarrollar para sortear los obstáculos. Esto es  como la disciplina de los atletas: aunque son buenos en lo que hacen, siguen entrenando para fortalecer sus músculos… La constante ejercitación los hace aumentar sus destrezas y ser más fuertes.

    En tercer lugar, debemos ser optimistas en el más amplio sentido de la palabra. Esto es  pensar y hablar sobre lo bueno, lo óptimo, para evitar que aparezcan las ideas que arruinan el ánimo.  Nuestra mente es el mejor instrumento creativo que tenemos. Si la usamos para derrotarnos, para mirar lo malo y destruir nuestras posibilidades, ése será el resultado que obtendremos. Por el contrario, si enfocamos la mente en lo mejor, crearemos más de aquello en lo que nos enfocamos.

      Aceptar la adversidad forma parte de la madurez.  En la Biblia, encontramos una gran fuente de sabiduría en las palabras de  Jesucristo, quien dijo:  “En este mundo tendréis aflicción, pero no temáis, yo he vencido al mundo”. (Jn 16:33) Esto significa que su ejemplo, su mensaje de amor, de perdón, de paz, de bondad, es superior a todos los males que vivimos.

   Pero no hay recetas mágicas para superar los momentos retadores.  Cada persona tiene su propia naturaleza, su carácter y estilo. También debemos aceptar que hay situaciones que nos superan y es mejor retirarnos, si podemos, cuando no tenemos la suficiente fuerza para soportarlas.

    No obstante, si nos retiramos antes de tiempo, tampoco aumentaremos nuestra capacidad de resistencia, nuestra fe.  Por ello,  desarrollar resiliencia implica enfrentar y aceptar las situaciones adversas, con el deseo, el anhelo, de superarlas…. Y hacerlo!

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